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-La pregunta es:

EN el PAN municipal, lo que se vendió como “competencia interna” para la dirigencia, en realidad fue un teatro mal montado donde los actores sabían de antemano que el papel estelar no les correspondía. Pamela Montes, Daniel Terrazas, Félix Martínez y René Rascón aparecieron en escena con discursos de renovación, pero la apuesta real nunca fue el timón del partido: fue, como siempre, la pasarela hacia candidaturas legislativas.

La política azul en Chihuahua parece haberse convertido en un mercado de ambiciones donde lo que importa no es servir, sino colocarse en la fila correcta para no perder turno. Varios de estos perfiles ya han desgastado la silla en cargos menores, suplencias o direcciones, y aun así regresan con hambre de más. No se trata de construir un proyecto de partido, ni mucho menos de ciudad: se trata de seguir cobrando, de permanecer en la nómina pública a cualquier costo.

Lo preocupante no es solo el reciclaje de nombres, sino la falta absoluta de pudor. Hacia afuera, se habla de unidad; hacia adentro, los jaloneos, acusaciones y zancadillas dejan ver un partido atrapado en sus propios vicios. El panismo municipal, que alguna vez presumió ser oposición fuerte y con ideas frescas, hoy luce como una vitrina de intereses personales donde nadie quiere quedarse sin premio.

Mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando propuestas serias, diagnósticos claros y soluciones a los problemas reales. En lugar de eso, el PAN local ofrece un espectáculo repetido: los mismos de siempre peleando por las mismas sillas, aunque sea en segunda o tercera fila. El mensaje es claro: no buscan representar, buscan mantenerse. Y así, con esa insaciable “llenadera” de poder, el partido corre el riesgo de perder lo poco que le queda de credibilidad frente a una sociedad cada vez más harta de políticos que solo saben mirarse al ombligo.

HABLANDO del tema, resulta casi cómico —si no fuera trágico— que la CANACO siga presentando a César Komaba como “Subsecretario de Vialidad”, cuando en la práctica el señor ya ni está ni atiende, porque anda más entretenido en su nueva obsesión: apoderarse del PAN municipal.

La invitación a empresarios para escucharle hablar de “Vialidad y Puerta de Entrada a EE.UU.” parece sacada de una mala parodia política: un funcionario que ya no cumple funciones, pero que todavía aparece en programas oficiales como si nada hubiera cambiado. Es como platicar con un fantasma, uno que se sienta en la mesa, les roba una hora de tiempo… y al final se esfuma, porque su mente y su ambición ya están en otra cancha.

Lo que queda en evidencia es doble: por un lado, la falta de seriedad de la CANACO, que o no se entera o prefiere hacerse la desentendida con tal de tener “cartel” en sus eventos. Y por el otro, la desfachatez de Komaba, que ni se molesta en renunciar formalmente a una función pública que de todos modos no ejerce, mientras prepara su candidatura para dirigir un PAN local cada vez más desgastado y sin brújula.

LA PREGUNTA ES

LA pregunta es: ¿qué valor puede tener una “plática empresarial” cuando el expositor principal ya no tiene cargo real ni autoridad efectiva? ¿Qué confianza puede dar a los comerciantes alguien que utiliza el título de servidor público como mero trampolín personal?

Lo dicho: Komaba ya no es Vialidad, es un fantasma en automático. Y lo peor es que, aunque todos lo saben, todavía hay quienes aplauden su presencia como si se tratara de un interlocutor válido. Pura pérdida de tiempo para el sector empresarial… y un insulto para la inteligencia de quienes aún creen que la política y la función pública deben servir a la sociedad, no solo al ego de un aspirante con ansias de poder.

 

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