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LA política chihuahuense parece confirmar que, para algunos, los colores partidistas son más un uniforme de temporada que una convicción de vida. Versiones que circulan en el ámbito político señalan que el alcalde con licencia de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, habría recibido información de que podría quedarse nuevamente fuera de la candidatura de Morena a la gubernatura, escenario que lo tendría analizando un nuevo cambio de camiseta.

De concretarse ese panorama, Cruz no tendría que buscar muy lejos. El Partido Verde Ecologista de México prácticamente le abrió la puerta de par en par y dejó claro que está dispuesto a convertirlo en su abanderado. No sería la primera vez que el juarense cambia de colores para mantenerse en la competencia política. A lo largo de su trayectoria ha pasado por el PAN, posteriormente por Movimiento Ciudadano y después encontró cobijo en Morena. Ahora, el verde podría ser el siguiente tono en su historial político.

La señal más clara llegó de voz del coordinador político nacional del PVEM, Arturo Escobar, quien durante una asamblea en Chihuahua lanzó un mensaje que sonó más a ultimátum que a invitación. “Si es Cruz, sí; si no, no”, afirmó al dejar en claro que la alianza del Verde con Morena y el PT dependería exclusivamente de que Pérez Cuéllar sea quien encabece el proyecto rumbo a la gubernatura. Pidió a la militancia de Morena respaldar al alcalde con licencia para garantizar la competitividad de la alianza.

Sin embargo, el mensaje también deja otra lectura política: si Morena decide cerrar la puerta, el Verde parece dispuesto a abrirla de inmediato. Más que una alianza entre partidos, el discurso da la impresión de que un instituto político entero condiciona su estrategia electoral a una sola persona.

La situación inevitablemente revive el debate sobre el llamado “chapulineo”, una práctica tan criticada por los partidos cuando la realizan sus adversarios, pero tan bienvenida cuando fortalece sus propias aspiraciones.

LA muerte reciente un hombre dentro del Cereso No. 1 de Aquiles Serdán no sólo dejó una persona sin vida; también destapó una cadena de versiones contradictorias que alimentan la sospecha de un posible intento por ocultar lo que realmente ocurrió al interior del penal.

La noche del miércoles falleció Edwin C. C., quien había regresado de una audiencia judicial. En un principio trascendió que el interno simplemente se había desvanecido por un presunto paro respiratorio derivado de una intoxicación y que, al revisarlo, ya no presentaba signos vitales.

Horas después surgió una versión completamente distinta: que Edwin había sostenido una discusión con otros internos mientras esperaba su traslado en las esclusas del centro penitenciario, que la riña escaló a golpes y que, pese a pedir ayuda a los custodios, no recibió auxilio oportuno. Incluso se informó que llegó al área conocida como COC con diversas lesiones, fue sentado en una silla para ser valorado y minutos después falleció.

Sin embargo, conforme avanzan las investigaciones, una tercera versión revelada a Sin Pelos en la Lengua cobra fuerza y resulta mucho más delicada. Fuentes de la Fiscalía General del Estado consultadas por este medio señalaron que el interno no habría sido golpeado por otros reclusos, como inicialmente se difundió, sino por varios custodios en el área de transfer.

De acuerdo con esa información, Edwin presuntamente se encontraba bajo los efectos de alguna droga y comenzó a insultar al personal de seguridad, incluido un comandante. Las primeras indagatorias apuntan a que varios custodios decidieron someterlo a golpes para amedrentarlo, pero la agresión habría sido de tal magnitud que las lesiones terminaron provocándole la muerte horas después.

Hasta ahora, la Subsecretaria de Sistema Penitenciario, Prevención y Reinserción Social dentro de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE) no ha informado oficialmente cuál fue la causa del fallecimiento ni ha detallado las lesiones que presentaba el cuerpo. Ese silencio sólo fortalece las dudas sobre lo ocurrido. ¿Se intentó desviar la atención de una posible responsabilidad del propio personal penitenciario?

Cuando una persona muere bajo la custodia del Estado, no bastan las filtraciones ni las explicaciones a medias. La autoridad tiene la obligación de esclarecer los hechos con absoluta transparencia.

 

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