Bajo la batuta de Tite, Brasil volvió en la noche del jueves definitivamente a ser Brasil en el fútbol, después del calvario sufrido en los últimos años. «Olé, olé, olé, Tite, Tite», coreaba frenético el estadio Mineirao de Belo Horizonte antes de que el árbitro pitase el final de la goleada de 3-0 sobre Argentina.

«Baile», era la palabra más repetida en el mismo estadio donde la «canarinha» sufrió hace poco más de dos años su más humillante derrota: el 7-1 contra Alemania en las semifinales del Mundial de 2014.

«Tite supera el trauma de Belo Horizonte», señalaba el portal UOL para explicar la emoción por la gran victoria obtenida nada menos que sobre el archirrival deportivo de Brasil. «¿Alguien todavía cree que esta generación no es buena?», se preguntaba también un comentarista, para pedir inmediatamente después: «calma».

El arranque de Tite con la selección ha sido meteórico: Cinco victorias en cinco partidos, 15 goles contra uno recibido, y líder de la eliminatoria sudamericana para Rusia 2018, tras asumir al equipo en el puesto seis y hundido en la depresión tras la vergonzosa eliminación en primera ronda en la Copa América Centenario.

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