Escucha, Señor Dios, perdona lo igualado y dispensa a los que te tienen miedo. ¿Es cierto lo que Epicuro dijo de ti: “Dios, o bien quiere impedir los males y no puede, o puede y no quiere, o ni quiere ni puede, o quiere y puede. Si quiere y no puede, es impotente, lo cual es imposible en Dios. Si puede y no quiere, es envidioso, lo que, del mismo modo, es contrario a Dios. Si ni quiere ni puede, es envidioso e impotente; por lo tanto, ni siquiera es Dios. Si puede y quiere, que es lo único que conviene a Dios, de dónde proviene entonces la existencia de los males y por qué no los impide?”
Yo creo que eres un metiche, un entrometido. No sé cómo te las ingenias para sacarle dinero a la gente y te construyan templos, sin pagarle impuestos a la Secretaría de Hacienda. Inundas pueblos, las naciones se pelean por el poder, provocas accidentes, afirmas que ya somos dueños del petróleo, de los ferrocarriles, de los servicios médicos, de la transportación aérea, de la banca y que ahora sólo nos falta hacernos dueños del gobierno más sabes una cosa… yo no te tengo miedo, porque a los amigos no se les teme. Acepto lo que haces. Desconozco tus planes, y si los conociera no los entendería. Ahora los cuestiono.

Mira –contesta Dios-, hace mucho tiempo que este Epicuro de Samos me anduvo revolviendo el agua en Grecia ya hace 24 siglos. De Samos salió el físico postrero, el impudente, el maestro de niños, el más duro y mortal de los mortales, mas no dejo de admirar la humana insolencia de este filósofo. Lo que sí me da tristeza es ver teólogos o a cualquiera de mis hijos más amados, que no hayan entendido lo que realmente quiero. Respecto de aquellos, para los cuales soy piedra de escándalo y que siguen hablando de mí, no entiendo por qué lo hacen si no existo para ellos. Aún así distingo tres clases de ateos. Existen los que dicen que no existo y además lo piensan: son los verdaderos ateos. Un número considerable no saben qué decidir y resolverían gustosamente la cuestión a cara o cruz: son los ateos escépticos. Muchos desearían que no existiese, simulan estar convencidos y viven como si lo estuvieran; son los fanfarrones del partido. Acepto a los fríos o a los calientes, a los tibios los vomito. El hombre tiene que darse o rehusar darse, jamás se debe prestar. Me gustan los que pelean, discuten y cuestionan todo lo que en el mundo existe.

Y Tú, Señor Dios, en este revuelo espiritual, ¿qué papel juegas?

Dicen algunos que eres un artículo de primera necesidad, que como artículo de consumo eres necesario para el mantenimiento de la humanidad. Dicen que te han convertido en objetos de especulaciones y acaparamientos monstruosos “hay quien ha puesto en circulación pequeños dioses de mentiras, a su imagen y semejanza que nos caben en los bolsillos” y que se llaman pesos o créditos académicos o títulos universitarios o dólares.

¿Hasta cuándo, Señor, seguiremos bañándonos en este río tan revuelto? “Hasta cuando, Señor… Dilo de una vez por todas, ¿vas a sentarte a la mesa con nosotros?”.

-No es reproche, pero hace mucho tiempo, que mucha gente se ha olvidado de mí. Ya no me invitan. Ya no me miran a los ojos.

-Pareces aceptar el que eres un artículo de primera necesidad. ¡Pero si no vienes al banquete, sales sobrando junto con los restos de la comida!
-Ya te lo dije, lo prometí, tengo palabra. Todos los días estoy aquí. Vengo a diario.
Repito –contesta el preguntón-, no me gusta lo que haces, la gente se preocupa demasiado por lo que va a regalar y a cenar en el aniversario de tu nacimiento.

Para terminar…. No huyas, no escondas tu rostro, que todos los días lo veo en las calles de mi ciudad. Ven, Señor Metiche.

Total, una vida sin resolverse no merece vivirse, y salud y larga vida.

Un paso a la vez mi Heder con H.

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